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martes, octubre 30, 2007

Un testimonio de vida y de misión.

Debido a alguna enfermedad quedó completamente ciego a los 18 años lo cual no limitó su deseo de servir a Dios. Joao Zito Malogila más conocido como Frei Zito nació en el área de la misión, su gente de la aldea de Kinzuanga bien lo conoce y lo respeta por su trabajo y dedicación. El fue quien cuidó la misión en los peores momentos de guerra y visitaba a pie cada una de las catequesis y aldeas.

Hoy quisiera dedicar este post a un laico consagrado franciscano que ayer celebró sus 25 años sirviendo a Dios y al pueblo de Quiculungo , si bien quisiera hacer una extensa y detallada biografía los datos que tengo son escasos y solo consigo armar esta historia con la experiencia que he tenido de conocer a Frei Zito.

Ciertamente fue dirigido espiritual de uno de los viejos capuchinos que le enseño y catequizo a fuego tanto que en su corazón se ha mantenido a pesar de las muchas dificultades su ser consagrado en la familia de Francisco. Admirable es la palabra para decir lo que este hombre ha hecho sin visión en los ojos ha sabido mostrar a Dios a su pueblo. Me admira también cómo conoce perfectamente a todos y cada uno de los misioneros que han pasado por Quiculungo, de los capuchinos y de los mercedarios, claro acompañaba a muchos de ellos en las visitas pastorales.

Esta foto se la tome para hacerle las invitaciones para su fiesta, un pequeño aporte de nuestra parte, se bien que los capuchinos de la vecina misión de Samba Caju y la gente de la comuna de Banga le organizaron la misa y fiesta a la cual asistieron dos obispos el titular y el emérito, el provincial de los capuchinos y muchos otros ilustres invitados. Frei Zito que con su simpleza y humildad quiso dar gracias al Señor a lo grande, junto a su gente, a su pueblo, no sin razón cuando hablamos de la frase o cita bíblica para poner en la invitación no dudo en decirme: - “Padre quiero que en la invitación aparezca el salmo 12 aquel que dice: CANTARE AL SEÑOR POR EL BIEN QUE ME HA HECHO”

miércoles, octubre 03, 2007

Remar mar a dentro en Angola.



El año pasado en diciembre me tocó pasar unos días en la casa que tenemos al lado (demasiado) de la playa en Ramiro Luanda, el lugar es bonito algo así como una caleta de pescadores. Me quedé allí no porque me guste el aire marino sino simplemente porque no había otro lugar para pasar la noche. Para ser sincero no fueron muy buenas aquellas noches por varios motivos entre otros mis compañeros de habitación en vez de dormir preferían hacer ruido y pasear de un lado para otro, claro, imagino que eso es normal para un ratón y un murciélago pero yo quería dormir y ellos insistían en sus juegos y correrías. Al final entre el calor y mis amigos comencé a pasar las madrugadas en el patio de la casa y como el patio es orilla de mar ahí estaba yo viendo la primera luz del día junto al tranquilo mar de Ramiro, fue entonces que tome esta foto que hoy comparto, fue allí frente a ese bote con los colores de Angola y el mismo nombre escrito a un lado
que yo pensaba en cómo sería esto de estar lejos de los amigos, de la familia el tener que acostumbrarse a tantas cosas, el aprender y el camino que tenía por delante lleno de desafíos. Tengo que confesar que estaba con un poco de miedo.

Ayer salí para hacer una visita tipo sorpresa es decir fui para a preparar y avisar a una comunidad que el sábado muy temprano estaré por allá para celebrar la misa, la comunidad se llama Candunda y está por allá en lo alto de unos cerros. Yo nunca había ido ya que se tiene que ir a pie por medio de unas matas y para eso se necesita un acompañante, la otra posibilidad es ir por un camino viejo muy cerrado por el capin (pasto alto) que sube por lo cerros a unos 20 Km de la misión… el dia se veía bueno la moto también así que sin pensarlo mucho emprendí la travesía sin mucho rodeo y fue por eso que olvidé las antiparras y algún gorrito o algo para el sol… bueno el recorrido fue hermoso, un regalo de Dios (lastima otra cosa que olvidé fue la maquina de fotos) allá abajo se veía la villa de Quiculungo y nuestra misión, realmente de esa altura se consigue una muy buena panorámica.

Algo divertido: cuando llegue un grupo de niños que terminaban de estudiar en la pequeña escuela salieron gritando asustaos al ver un blanco venir rápidamente en moto en dirección a ellos. ¡Cafumberio cafumberio! - Gritaban hasta que le profesor que si me conocía les dice: - ¡es el Padre!... aaaa es Padre… si, si, - ahí cambio todo. (otro día contaré la historia de lo que es el cafumberio) Estuve un rato con ellos y me llevaron hasta un bonito mirador en donde se ve todo el valle desde lo alto. Todo estaba bien hasta que el sol hizo su aparición típica de estos tiempos: quemante y sofocante preparando el ambiente para la lluvia (es raro pero así es aquí).

Algo peligroso: Aquel panorama climático era motivo de sobra para volver rápidamente ya que el camino por los cerros podía volverse imposible en cuestión de minutos fue por eso que con la premura de llegar al buen camino y con el sol quemándome la cara no reparé en unas ramas que se encontraron directamente con mi rostro y casi por unos centímetros y por que creo que Dios me quiere mucho que salve un ojo. No fue nada pero podría haber sido algo serio lo importante que ya aprendí la lección: salir mas preparado.

Algo para concluir: El año pasado junto al mar miraba y me cuestionaba sobre ese bote llamado Angola, hoy creo que ya me he subido dispuesto a remar para dentro se que pueden aparecer aguas menos calmas pero ahí ya es cosa del Capitán, el miedo, la prudencia, la osadía y empuje se van combinando en esta travesía llamada misión “desde Angola”


La energía que no acaba.

Creo que una vez hable del generador en uno de los post, pues bien, aquí está nuestra fuente de energía, con él se hacen en la misión muchos trabajos (carpintería, soldadura mecánica y otra yerbas). Generalmente se enciende a eso de las 10 de la mañana hasta las 16: 00 horas. Ya de noche vuelve a hacer su trabajo a eso de las 18:30 hasta casi media noche y luego a descansar.

Ciertamente nos gustaría tener energía como dicen aquí 24 sobre 24, es decir las 24 horas pero la realidad es esta en medio de la mata (selva) las condiciones básicas (al menos en esta fase) tienen que ser creadas por el propio usuario.

Puede resultar un poco incómodo todo lo que significa tener este tipo de energía tal vez lo optimo, ambientalistamente hablando, sería tener paneles solares pero eso esta fuera de nuestro alcance, bien de alguna forma tenemos que andar, ya sea con gasolina o con petróleo.

También hemos tenido días, y no pocos, en que o acaba el combustible o nuestro generador sufre alguna avería entonces es momento de sacarlas las velitas, la linterna y para los más sofisticados la radio onda corta, no es difícil darse cuenta que las personas en general dependemos de la energía para hacer muchas cosas para que todo pueda ira al frente es decir para avanzar, los físicos saben mejor que nadie estas leyes y uno, simple mortal, experimenta en lo cotidiano esta realidad.

A propósito de esto pienso también en otra realidad que necesita de energía para avanzar, y es algo que me ha tenido pensando los últimos días, me refiero a la llamada “vida espiritual”, si, aquella que también o puede ser como un potente generador o como una simple velita… no se porque pero se me viene también a la cabeza eso del P. Hurtado ser “fuego que enciende otros fuegos”… me quedo con esa preocupación ¿será que nuestra “Misión” de Quiculungo es una fuente de energía para este pueblo? ¿Cuál es su potencia?... Nuestro generador amarillo por más potente que sea no daría para iluminar todas las comunidades de la misión, es algo imposible, ahora nuestro generador de esperanza, de paz, de consuelo de vida sólo dará abasto a esta población si usamos esa energía que no acaba aquella energía llamada Amor.

viernes, septiembre 21, 2007

“El Señor de las antenas y la señal perdida”

Han pasado varios días, bueno como siempre, y eso debido a las condiciones que hasta el día de ayer habían sido de total incomunicación desde aquí: “mi” Quiculungo, mas todo cambió.

Ayer celebraba la misa, como todos los días, a las 7:00 de la mañana cuando sentí llegar un vehículo a la misión (no es común a esa hora), me distraje un poco ya que esperaba que viniera aquel Padre que había conocido en Roma y que ahora se había echo la fama del Padre instala antenas de Internet, bien podía ser él como podía ser otro, total eso de la antena ya me tenía sin cuidado, una larga historia de frustraciones marca ese cuento…

Por decir algo pasamos un año sin conseguir la bendita señal del satélite, yo intenté y luche tres meses y me di por vencido, luego vinieron los brasileros con sus aparatos de ingeniería lucharon otros tantos y no consiguieron nada, finalmente un señor de Cacuso que ya tenia algunos trabajos en el cuerpo hizo lo suyo y nada, nada de nada… la pobre antena paso por varias y no menos descuidadas manos que la dejaron abandonada toda marchitada con varias tuercas menos, en realidad todo parecía perdido.

Hace un mes, por si acaso, llame por teléfono al famoso Padre, un Angoleño muy delgado, con pinta de adolescente y que gentilmente me atendió, en la formal conversación me pareció muy dispuesto pero sólo podría ayudar en septiembre por ahí después del día 15 me dijo. Todo esto no era nuevo para mi, ya había hablado por lo menos con otras cinco personas que al final ninguna llegó a ir a Quiculungo por que era muy lejos o por que estaban ocupados… había pasado mucho tiempo, mucho, incluso ya me había casi olvidado que teníamos esta antena.

Bien no te quiero latear, pero las cosas que nos acontecen en la vida son muy curiosas. La semana pasada una hermana de Samba Caju (la misión vecina) vino por estos lados y me trajo dos recados, uno por mi situación con extranjería y la otra que el “famoso” Padre venía para la casa de ellas a instalar su antena que guardaban celosamente ya hace algún tiempo. Este lunes tuve que ir a Ndalatando (capital de la provincia) a busca de unos profesores de la escuela y pase por Samba Caju a ver que noticias había y quedamos de acuerdo que yo esperaría al Padre en Ndalando, bien, para variar, el individuo me dice por teléfono que se quedará en otra ciudad y llegaría tal vez de noche o al otro día por la capital de nuestra provincia… - mmmm lo siento mucho pero yo tengo que partir para mi misión, así que si puede ir por esos lados “seja bem vindo” – le dije.

Al terminar la misa llegue al patio de nuestra casa y comencé a buscar al afamado visitante, pregunte a uno de nuestros jóvenes y me respondió que no sabía nada fue entonces que miré para el techo y ya encaramado no se como ahí estaba el Padre de las antenas, haciendo su trabajo.

¿Dificultades? Si muchas, pero increíblemente a las 10:00 de la mañana ya teníamos en la misión unas cuantas adaptaciones para recuperar la triste y hasta ese entonces inservible antena. Cerca del medio día un problema parecía hacernos perder de nuevo las esperanzas de tener comunicación, una pieza importante había sido destruida, yo preferí irme por ahí lejos… el Padre de las antenas no paraba de trabajar, ya me había advertido - hoy tengo que estar en Luanda de vuelta –

¿fue milagro?, ¿las manos del “señor de las antenas” están benditas?, ¿la experiencia?, no lo se… pero que fue digno de un personaje lo fue, en tres días se movió por tres misiones (Samba Caja, Camabatela y nuestro Quiculungo) e hizo su trabajo, rápido y eficiente sino, no estaría ahora escribiendo y subiendo este post.

El proceso acabó por ahí como a las cuatro de la tarde pero a unos 200 Km de aquí, el lugar mas cercano en que hay teléfono, necesitábamos telefonar para Roma para que aceptaran nuestra señal, aquella señal perdida o mas bien nunca encontrada en nuestros inútiles esfuerzos y que al final el “señor de las antenas” consiguió en menos de dos horas.

Nunca había hecho tan rápido el viaje hasta Lukala (lugar donde hay teléfono), por lo general son tres incluso mas horas, ahora con el camino un poco mejor y en tiempo seco creo que lo hice en dos horas, la idea era llegar para que el Padre pudiera llamar a Roma y quedara todo el sistema listo.

Finalmente deje al Padre en Ndalatando para que el siguiera su viaje para Luanda y yo el mío de vuelta a Quiculungo, tengo que decir que hasta ahora que había hablado y comentado del tiempo, de que aquí las cosas funciona mas lento, que el hecho de esperar y tener paciencia es parte de la vida aquí en África, todo esto terminó por ser un buen golpe a mi tesis. Ciertamente las cosas pueden ir a otro ritmo, como el “señor antena” Padre diocesano que junto con ser párroco por allá en una diócesis del sur además anda por ahí con esto de las antenas y proyectos informáticos, realmente destacable…

Así es, estamos contentos, ahora espero poder compartir con mas frecuencia, contar un poco mas, cumplir las promesas que he hecho (videos, mas fotos) que puedas conocer a la gente de esta tierra que ellos mismos puedan presentarse y que por esta señal, que nos encontró el buen amigo “señor de las antenas”, nos abramos al mundo desde Quiculungo, Angola.